Phantom of the Paradise
Dirección: Brian De Palma
por GadTome un molde del fantasma de la Ópera, enharine en Dorian Gray, agregue tres cucharadas de Fausto, una pizca de Frakenstein, 1/4 de yerbas varias y meta al horno. Deje enfriar, cubra con crema y agregue la escena más famosa de Hichcock más una sopapa como frutilla del postre. ¿Una mezcla intolerable? Nada que ver.
Phantom of the Paradise es una versión posmoderna de la criatura de Mary Shelley: un ser tortuoso hecho de remiendos nacido en la época de los monstruos, que finalmente perdió respeto a los padres, salió del congelador, se fue de fiesta, y se desgañitó cantando en una escalera junto a minas hermosas de timbre agudo. Una genialidad de hora y media donde Winslow Leach, que es lento para ganar, lo pierde todo y desciende a los submundos de los submundos: fraudes, prisiones, torturas, fantasmas, pactos con el diablo, castigos divinos y sátiras sobre el negocio del entretenimiento y el deseo sádico de la audiencia en una película donde el cisne sí canta antes de morir, y el fenix, a pesar de todo, renace permanentemente.
Para ver con cerveza y maní varias veces en la vida, y poner el soundtrack cada tanto.
Phantom of the Paradise
Dirección: Brian De Palma
por Martín
Goethe se revuelca en su tumba al son de Paul Williams. Esta producción, para algunos malísima, para otros no tan mala pero tampoco buena, aparece en la época de auge de ese infame y difunto género de la "opera rock". Brian de Palma nos sorprende con una fusión inverosímil de literatura clásica, trajes con luces parmadeantes y música extravagante. IMBD la calífica como: Musical, Horror, Thriller, Comedy y Fantasy. Es decir, es una antipelícula, una burla del director pero que de tan absurda y mal hecha (por gusto mal hecha) produce caras extasiadas de "no puedo creer que este mirando esta idiotez" y "esto es bizarro y genial, quiero más". Mirarla drogado es otro tema.
Acompañar con cerveza y buñuelos rellenos de páginas del Fausto fritas.